EN LOS ORÍGENES DE LA MENTE HUMANA. ¿QUIÉN DECIDE?

Michael S. Gazzaniga es uno de los referentes mundiales de la neurociencia y a menudo denominado el padre de la neurociencia cognitiva. 

Gazzaniga reconoce que hoy en día, a pesar del extraordinario conocimiento adquirido por los neurocientíficos sobre los mecanismos de la mente, aún no se ha descubierto nada que repercuta específicamente sobre la responsabilidad, uno de los valores más importantes de la vida humana. Pero defiende que no es solo el cerebro quien condiciona la mente, sino también al revés, la mente limita y conduce a nuestro cerebro. Y es ahí donde, según Gazzaniga, se halla la posibilidad de reconocer la libertad y la responsabilidad que tenemos sobre nuestras acciones.

El padre de la neurociencia cognitiva y autor de El cerebro ético y¿Qué nos hace humanos? ambos publicados por Paidós, nos ofrece en este libro una provocativa y contundente explicación contra la idea, cada vez más extendida, según la cual nuestras vidas están totalmente determinadas por los procesos físicos y que, por tanto, no somos responsables de nuestras acciones.

En los últimos años, las investigaciones más ortodoxas sobre el cerebro defienden que, puesto que las leyes físicas gobiernan el mundo físico y nuestro cerebro forma parte de este mundo, son estas leyes las que dominan nuestra conducta e incluso nuestra conciencia de nosotros mismos.  Esto se resume en una especie de mantra, según el cual, "el libre albedrio, la libertad de voluntad, no tienen sentido, puesto que vivimos en un mundo “determinado”."

En cambio, Gazzaniga nos explica que la mente, si bien es algo generado por los procesos físicos del cerebro, "coacciona" nuestro cerebro del mismo modo que los automóviles se ven "coaccionados" por el tráfico que ellos mismo generan.

La ide determinista debilita enormemente nuestra concepción de la responsabilidad humana, hasta el punto que, en un juicio, un asesino puede alegar perfectamente: "No fui yo quien cometió el crimen, fue mi cerebro". Gazzaniga argumenta contra esta concepción afirmando que, aun teniendo en cuenta los últimos descubrimientos de los mecanismos físicos de la mente, existe una realidad humana innegable: "Somos agentes responsables que debemos dar cuenta de nuestras acciones, porque la responsabilidad no depende del cerebro, sino de cómo las personas interactuamos unas con otras".

La responsabilidad no es un concepto que pertenezca al ámbito de la actividad cerebral que es solo respuesta neurofisiológica que sigue las leyes naturales; la responsabilidad  es un concepto que se construye  en el ámbito psicosocial, en la vida de la comunidad. Por lo tanto, las pruebas “objetivas” que puedan ofrecer las neurociencias para valorar la conducta moral de las personas, se basan en correlaciones entre lo físico y lo psicológico. En este sentido, los valores se construyen en contextos culturales y es allí en donde deberían ser juzgados.

Os dejamos esta interesante entrevista al autor que intenta unir la neurociencia y la folosofía. 

Escrito por Iria Meléndez