El drama del gatillazo

 

El sexo es una de las actividades más placenteras para la que nuestro cuerpo está preparado. Sin embargo el momento sexual no está libre de ciertas dificultades o problemas que pueden surgir a pesar de la magia del momento.  Hoy vamos a tratar concretamente uno de estos problemas que afecta a los hombres, hablamos del  temido “gatillazo”. Nos referimos a la pérdida de la erección de manera transitoria y esporádica, no sería una disfunción eréctil pero se puede llegar a convertir en una de origen psicológico.

 

 El 50 % de los hombres sufre a lo largo de su vida pérdidas de erección de carácter más o menos transitorio. Estrés, cansancio o sufrir problemas de ansiedad en otros ámbitos de la vida puede facilitar a aparición de problemas sexuales.

 

Vayamos al ejemplo de Pepe para entender mejor la cuestión. Pues bien, Pepe ha quedado esta noche con una chica que le gusta mucho, digamos que es un pivón físicamente y no sólo eso, es además encantadora, de lo mejor con lo que se ha cruzado últimamente. Se la presentó un amigo en común que pensó que podía haber química entre ellos.  Está emocionado y quiere que todo en la cita salga perfecto. Cena estupenda, conversación excitante… van a casa de él a tomar “la última”, todo apunta a que esta noche va a triunfar…

 

Empiezan con los besos, las caricias se quitan la ropa… momento lleno de magia y pasión.  Cuando de repente: Horror! Alarma, alarma! Pepe está empezando a notar que su estupenda erección está perdiendo fuerza! Dios mío, esto no me puede estar pasando a mí, o por lo menos no ahora, no, no, no, ponte firme por favor! El momento de magia y pasión se transforma en angustia y congoja.  Ella se percata, le pregunta si está bien y si puede hacer algo para “ayudar”, se muestra comprensiva y colaboradora, pero aun así Pepe se siente completamente consternado, y aunque lo intenta con todas sus ganas no recupera su ansiada erección. Ella le dice, no pasa nada estarás cansado… vamos a dormir. Sí eso, mejor vamos a dormir, porque la verdad es que estoy hecho polvo.

 

Una semana después del encuentro de Pepe y su chica, deciden volver a verse. Pepe a pesar de que se siente algo avergonzado por la manera en la que transcurrieron los acontecimientos se arma de valentía y le vuelve a pedir que se vean…

La cita va estupenda aunque Pepe  no puede evitar sentirse preocupado: ¿Y si me vuelve a pasar lo mismo? Eso sí sería ya grave, ¿Qué pensaría de mí? No voy a dar la talla! Seguro que se lo cuenta a sus amigas… se reirán… ¿Tendré un problema físico? ¿Me va a pasar siempre?

 

Envuelto en estas preocupaciones llegan a casa de Pepe y al llegar el momento de la verdad ocurre lo temido por nuestro amigo… el drama del gatillazo. Y claro cómo no le va a ocurrir, el cerebro de Pepe en ese momento debería estar dedicándose a procesar todos los estímulos eróticos de la situación y no estar tan pendiente de sus preocupaciones… pero claro los pensamientos no se pueden controlar.

 

Y es que es nuestro cerebro al procesar la estimulación erótica el que produce la erección, si le distraemos pensando en angustias, miedos y preocupaciones conseguimos producir una respuesta emocional de ansiedad y esto es incompatible con la respuesta sexual de la erección.

 

¿Qué le recomendaríais a Pepe entonces? Que se deje llevar por el momento de la magia, que se concentre en la estimulación erótica de la situación y que hay muuuuchas formas de hacer disfrutar a la mujer aparte de con el pene. El sexo no debe tener ni metas ni propósitos, debe ser un juego cooperativo dónde todos salimos ganando.

 

Pero poner el foco de atención en lo erótico en vez de en nuestras preocupaciones no tiene porqué ser fácil, si no lo conseguimos por nosotros mismos la mejor forma de buscar solución a estos problemas de erección continuados que se pueden cronificar es la búsqueda de ayuda cuanto antes para que la intervención sea lo más corta posible. Rompamos la barrera del silencio y acudamos a un especialista.

 

Silvia Albaladejo Domínguez

Psicóloga y Psicopedagoga especialista en Terapia sexual y de pareja.